Mis discos: Els camells no prenen cafè – Aïsha (2003)

Se han gastado tan inútilmente y durante tanto tiempo palabras tan cargadas de significado como descubrimiento, hallazgo, nuevo valor, o sorpresa, que comprenderé perfectamente al lector que no me crea cuando diga que el debut de Aïsha es uno de los más contundentes impactos que he tenido la fortuna de sentir, y además he de sumar la constatación de la modernidad de su propuesta y lo bien que ha aguantado el paso de ese tiempo que, inexorable, pone siempre las cosas en su sitio. Esa encantadora activista musical, Araceli Tzigane, que junto a Juan Antonio Vázquez lleva adelante el valiente proyecto de Mundofonías, me lo ha puesto en la bandeja del recuerdo… y no puedo dejar pasar la oportunidad de rescatarlo en este blog. 
Pues muy pocas veces me he enganchado de tal forma a un disco, desde el primer tema hasta el final, como con el primer Cd de este trío de Tarragona, que confirmaba una vez más que algo se cuece por estos lares, algo tan impredecible como importante, y que se manifiesta cuando menos te lo esperas en proyectos fulgurantes como en su día fue Dusminguet y hoy encarnan La Troba Kung-Fú, o en su momento Ojos de Brujo para hoy continuar con encarnaciones tan interesantes como Calima… y tantos otros ejemplos de la rauxa catalana… cuando por fin se deja escapar. Pero vamos por partes: de entrada un nombre árabe de mujer que puede traducirse por agua y vida. Bien, buen comienzo. Después la voluntad de un concepto distinto, plasmado en una edición cuidada del cd en el que los diseños que lo envuelven quieren también transmitir, palabra importantísima y que viene muy a cuento. Y es que un disco es también su carátula, su presentación: algo que muy pocos parecen hoy entender. Finalmente la música, y la sorpresa de un estilo propio. Porque resultan tan diversas, tan polifacéticas, tan mestizas las influencias que convergen en su sonido que desde el comienzo nos encontramos con un grupo que sabe sonar a sí mismo. Y aquí empiezan los problemas. ¿Cómo explicar lo inefable, lo que sólo debe ser oído y bailado? 
Aïsha hacen música tal como parecen vivir: de una forma libre y creativa. Sin limitaciones y sin respeto a las fronteras, sus canciones son viajes en el espacio y el tiempo para jugar con lo tradicional y lo electrónico, para saltar desde los pueblos catalanes a las aldeas indias, de las caravanas zíngaras a los soundsystem jamaicanos. ¿Fiesta mediterránea? Sí, pero hay mucho más: un derroche de imaginación, el compromiso justo y unas enormes ganas de vivir la música y compartirla con el público en el escenario. ¿Resucitaba el espíritu del rock’n’roll? Robert Abella, Òscar Medina y Rafel Plana, con las brillantes colaboraciones del zanfonista Marc Egea, la kora de Djiby Cissokho y las voces de La Carrau, dieron forma a un disco revolucionario, con un impacto equiparable al que supuso el primer álbum de Mano Negra. Un magnífico ejemplo de nueva música popular, de raíz catalana y alma universal. ¿Y desde entonces? Unas divertidas remezclas de las mejores canciones de este álbum en Grans i sexis (2004), y un segundo disco, Amor abatible (2006), que confirmó aspiraciones y nos dejó con ganas de más… ¿para cuando el fin de la espera y un merecido retorno? 
Anuncios